sábado, 3 de octubre de 2015

Tours: Deux années après...

Ya han pasado dos años. Setecientos treinta días. Y sé que ella sigue allí, esperándome. Sé que su olor todavía impregna mi vida, sé que su sabor es inconfundible. Podría escuchar mil millones de sonidos, que sabría cuál le pertenece. Yo la hice mía para siempre, la convertí en parte de mi vida, en mi ser, en una de mis causas. Ella no es más que un recuerdo en mi mente, pero ese recuerdo está más vivo que nunca, late con fuerza, con ganas de convertirse otra vez en realidad. 

Poco a poco se fue haciendo un huequecito en mi corazón. Sus tardes, sus paseos, sus cenas, toda Ella se convirtió en algo sin lo que hoy en día no sería igual: sería distinto, muy distinto. Aún recuerdo el sonido del agua, el olor a las flores con las que siempre salía adornada. Sabia, sus tardes a la deriva me dejaban exhausto, aunque siempre sabía que ese cansancio era la huella que dejaba en mí. Mujer de letras y de mil batallas, sus caricias erizaban mis pelos, y dejarla me abrumaba hasta el punto de tener que esperar dos años para escribir esto. Cada atardecer que pasaba con ella se convertía en un momento único, inimitable; cada atardecer con ella se convertía en una forma distinta de belleza, de amor por la vida, por respirar tranquilo. Su encantador verbo fue lo primero que me atrajo, el mejor para muchos. 

Continuaron sus gestas, sus hazañas, el haber sido la anfitriona de reyes y reinas, de emperadores. Tomar una pinta con ella podía hacer detenerse el tiempo. En su compañía cada pequeño detalle se convertía en algo nuevo, siempre me sorprendía. En cada esquina, en cada calle, ella tenía algo para mi, algo que no había visto antes y con lo que conseguía sacarme siempre una tonta sonrisa. Me alumbraban sus luces cuando el camino era oscuro, y ahora recuerdo todas las noches que pasamos juntos y volvimos juntos a casa. Dos años después, o como dicen los románticos franceses: deux années après…ese sentimiento por ella no ha hecho más que fortalecerse. Y es un sentimiento latente, vivo, ardiente deseo de volverla a ver. Quizá, dentro de poco mis ojos la vean otra vez. Puede que nos veamos sin quererlo, pero deseándolo con fervor. Algún día volveremos a estar juntos, se lo prometo (porque puedo y quiero). 

Porque, señoras, señores, no hablo de otra. Esta es Tours, y la amo.